La desabolladura es el trabajo de metal: sacar el golpe empujando y tirando la lámina hasta recuperar la línea original de la pieza. Todo lo que venga después —masilla, fondo, color— solo copia la forma que dejó esta etapa. Si acá se hace mal, se nota para siempre en el reflejo de la luz.
Qué reparamos
- Abolladuras de estacionamiento — puertas golpeadas, tapabarros rozados, esquinas de parachoques.
- Colisiones — frontales, traseras y laterales, con desarme completo de la zona afectada.
- Daño estructural — largueros, pilares y torres de amortiguador desalineadas, con enderezado en banco.
- Óxido perforante — corte de la zona comida y soldadura de un parche nuevo, con protección por ambas caras.
- Pisos y zócalos — reconstrucción de piezas dañadas por golpes bajos o corrosión.
Cómo trabajamos el metal
1. Se abre y se mira por dentro
Antes de presupuestar se desarma la zona. El daño visible casi nunca es todo el daño: detrás de un parachoques abollado suele haber absorbedores partidos, soportes doblados y a veces el travesaño movido. Presupuestar sin abrir es cómo aparecen los "costos adicionales" a mitad del trabajo.
2. Se recupera la forma, no se rellena
Con martillo y tas se trabaja la lámina por ambas caras. Donde no hay acceso por detrás se usan ventosas, espárragos soldados o el martillo de inercia. El objetivo es dejar la pieza a menos de un milímetro de su forma original, para que la masilla sea una capa de nivelación fina y no un relleno de dos centímetros que después se agrieta.
3. Se mide la estructura si el golpe lo amerita
Puertas que rozan, separaciones desparejas entre paneles o un volante que quedó descentrado son señales de que la estructura se movió. Ahí el auto se monta en el banco de tiro y se traccionan las zonas afectadas comparando contra las cotas de fábrica del modelo, hasta volver a tolerancia.
4. Se protege lo que se intervino
Toda soldadura y todo metal desnudo recibe imprimación anticorrosiva antes de seguir, y las cavidades cerradas se tratan con cera antióxido. Es el paso que más se omite en talleres de patio y el que decide si en tres inviernos aparece una burbuja de óxido justo donde se reparó.
¿Reparar o cambiar la pieza?
Se repara mientras el metal conserve su estructura y no esté estirado ni cortado más allá de lo recuperable. Cuando la lámina quedó rasgada, con dobleces múltiples, o las horas de chapa cuestan más que la pieza nueva, cambiar sale más barato y queda mejor. Te lo decimos con el criterio explícito en el presupuesto, con el valor de las dos opciones a la vista.
Una regla simple: si tienes que rellenar más de tres milímetros con masilla, es que el metal no se trabajó lo suficiente.
Después de la desabolladura
La pieza pasa a pintura en cabina, con el tono preparado en nuestro laboratorio de color. Si la abolladura no rompió la pintura, puede que ni siquiera necesites pintar: mira reparación sin pintar (PDR).
Preguntas frecuentes
Sobre desabolladura
Se repara mientras el metal conserve su estructura y no esté estirado ni cortado más allá de lo recuperable. Cuando la lámina quedó rasgada, con dobleces múltiples o el costo de las horas de chapa supera el de la pieza nueva, cambiar es más barato y queda mejor. Te lo decimos en el presupuesto con el criterio explícito.
Se mide contra las cotas de fábrica del modelo. Si los puntos de referencia están fuera de tolerancia, el auto se monta en el banco de tiro y se traccionan las zonas afectadas hasta volver a rango. Señales de que hay que medir: puertas que rozan, separaciones desparejas entre paneles o desgaste raro de neumáticos después del golpe.
No, si se hace con la técnica correcta. Lo que sí debilita es abusar del calor, rellenar con masilla en lugar de recuperar la forma, o soldar sin proteger la zona por dentro. Nosotros trabajamos la lámina primero y usamos masilla solo como capa final de nivelación, no como relleno estructural.